
¿Buscas a Jesús? “…y la gente lo buscaba.” Evangelio de Lucas 4:42.
Es interesante observar en los Evangelios la gran cantidad de citas en que la gente buscaba al Señor. Su fama ya se había propagado en todas las regiones. Salían a su encuentro y cada uno de ellos venía a El impulsado por sus propias necesidades. Es muy probable que no todos le buscaran por la misma razón.
Desde el año 1987, la Iglesia Bautista Bíblica de Villa Rosa existe para aquellas personas que en verdad
buscan a Jesús.
"¿No es mi palabra como fuego, dice el Señor, y como martillo que quebranta la piedra?" Jeremías 23:29
"Tu dicho me ha vivificado." Salmo 119:50
Testimonio de Victor
"Vivía en el vicio, pero algo sucedió en mi vida, y me alegra dar testimonio de ello. Cada vez que tenía dinero, bebía y me emborrachaba. Un día mi mujer me dijo que creía en Jesús. Furioso, la golpeé y amenacé a mis hijos con abandonarlos si hablaban de Jesús. Poco después heredé, de un pariente fallecido, unos cachivaches, los cuales puse en una manta para venderlos. Era otra oportunidad de conseguir algo de dinero y emborracharme. Pero unos ladrones me robaron casi todo; solo me dejaron una cacerola y un libro negro.
El libro era una Biblia. Las primeras palabras que leí en ella fueron las de Jesús: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Todos los agricultores de mi país entienden este lenguaje. Yo también lo entiendo. Jesús hablaba de su muerte. Entonces comprendí que yo formaba parte de su cosecha. Me apresuré a buscar a mi familia para pedir perdón a mi mujer y a mis hijos. Lloraron de felicidad. Mi suegro quedó tan impresionado por lo que Jesucristo había hecho en mí, que también empezó a leer la Biblia y se convirtió a Jesucristo. Hoy hay una congregación llena de creyentes en mi pueblo. Mi padre, ciego, también aceptó a Jesucristo". Víctor
“Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11).
Todos estamos infectados por el pecado (Romanos 3:23). Nacemos con el pecado (Salmo 51:5), y personalmente escogemos pecar (Eclesiastés 7:20; 1 Juan 1:8). El pecado es lo que nos hace ser “no salvos”. El pecado es lo que nos separa de Dios. El pecado es lo que nos tiene en el camino a la destrucción eterna.
A causa de nuestro pecado, todos merecemos la muerte (Romanos 6:23). Mientras la consecuencia física del pecado es la muerte física, esta no es la única clase de muerte que resulta del pecado. Todo pecado es en última instancia un pecado contra un Dios eterno e infinito (Salmo 51:4). A causa de esto, la pena justa por nuestro pecado también es eterna e infinita. De lo que tenemos ser salvos es la destrucción eterna (Mateo 25:46; Apocalipsis 20:15).
Como la pena justa por el pecado es infinita y eterna, sólo Dios podría pagar la pena, porque sólo Él es infinito y eterno. Pero Dios, en Su naturaleza divina, no podía morir. Entonces Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo. Dios se encarnó, vivió entre nosotros, y nos enseñó. Cuando la gente los rechazó a Él y Su mensaje, y procuró matarlo, Él de buena voluntad se sacrificó por nosotros, permitiéndose ser crucificado (Juan 10:15). Como Jesucristo era humano, Él podía morir; y ya que Jesucristo era Dios, Su muerte tenía un valor eterno e infinito. La muerte de Jesús en la cruz fue el pago perfecto y completo por nuestro pecado (1 Juan 2:2). Él tomó las consecuencias que merecíamos. La resurrección de Jesús de entre los muertos demostró que Su muerte en efecto fue el sacrificio absolutamente suficiente por el pecado.
"Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo" (Hechos 16:31). Dios ya ha hecho toda la obra. Todo lo que debes hacer es recibir por fe la salvación que Dios te ofrece (Efesios 2:8-9). Confía plenamente solo en Jesús como el pago por tus pecados. Cree en Él, y no perecerás (Juan 3:16). Dios te está ofreciendo la salvación como regalo. Todo lo que tienes que hacer es aceptarla. Jesús es el único camino de la salvación (Juan 14:6).