
¿Buscas a Jesús? “…y la gente lo buscaba.” Evangelio de Lucas 4:42.
Es interesante observar en los Evangelios la gran cantidad de citas en que la gente buscaba al Señor. Su fama ya se había propagado en todas las regiones. Salían a su encuentro y cada uno de ellos venía a El impulsado por sus propias necesidades. Es muy probable que no todos le buscaran por la misma razón.
Desde el año 1987, la Iglesia Bautista Bíblica de Villa Rosa existe para aquellas personas que en verdad
buscan a Jesús.
"El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo." Romanos 15:13
"Para asirnos de la esperanza… la cual tenemos como segura y firme ancla del alma." Hebreos 6:18-19
Esperanza es una palabra maravillosa, que puede infundir valor a todo el mundo. Pero, ¿cómo podemos tener esperanza? El futuro es sombrío: epidemias, catástrofes humanitarias y ecológicas, inmoralidad… Sin embargo, los psicólogos siguen diciendo que tenemos que vivir con esperanza… ¿Qué tipo de esperanza? Esperamos lo mejor y entonces ocurre algo inesperado, un fracaso, una enfermedad grave, un accidente… e incluso la muerte. Nadie puede controlar su propio futuro. Y sin embargo, llenos de ilusiones y de confianza en nuestra capacidad, seguimos esperando, intentando ser positivos, hasta que nos desilusionamos y llegamos a la desesperación.
En la Biblia, la esperanza, lejos de ser un optimismo o una expectativa incierta, significa seguridad basada en el Dios de la esperanza, el Verdadero. Él es la verdad, y su Palabra, la Biblia, es verdad. Él quiere darle una felicidad presente y eterna, un futuro y una esperanza (Jeremías 29:11). ¡Para ello entregó a su Hijo! Quien cree en Jesús, que murió en la cruz para borrar los pecados, ¡encuentra la paz con él y la vida eterna! Cristo llena su corazón; su confianza se basa en él, en lo que es, en lo que ha hecho, en lo que promete. El cristiano que se apoya en estas certezas puede afrontar con serenidad las pruebas temporales de la vida y contemplar la muerte con la expectativa segura y firme de una eternidad bienaventurada con Jesucristo, a quien él mismo llama “nuestra esperanza” (1 Timoteo 1:1).
Todos estamos infectados por el pecado (Romanos 3:23). Nacemos con el pecado (Salmo 51:5), y personalmente escogemos pecar (Eclesiastés 7:20; 1 Juan 1:8). El pecado es lo que nos hace ser “no salvos”. El pecado es lo que nos separa de Dios. El pecado es lo que nos tiene en el camino a la destrucción eterna.
A causa de nuestro pecado, todos merecemos la muerte (Romanos 6:23). Mientras la consecuencia física del pecado es la muerte física, esta no es la única clase de muerte que resulta del pecado. Todo pecado es en última instancia un pecado contra un Dios eterno e infinito (Salmo 51:4). A causa de esto, la pena justa por nuestro pecado también es eterna e infinita. De lo que tenemos ser salvos es la destrucción eterna (Mateo 25:46; Apocalipsis 20:15).
Como la pena justa por el pecado es infinita y eterna, sólo Dios podría pagar la pena, porque sólo Él es infinito y eterno. Pero Dios, en Su naturaleza divina, no podía morir. Entonces Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo. Dios se encarnó, vivió entre nosotros, y nos enseñó. Cuando la gente los rechazó a Él y Su mensaje, y procuró matarlo, Él de buena voluntad se sacrificó por nosotros, permitiéndose ser crucificado (Juan 10:15). Como Jesucristo era humano, Él podía morir; y ya que Jesucristo era Dios, Su muerte tenía un valor eterno e infinito. La muerte de Jesús en la cruz fue el pago perfecto y completo por nuestro pecado (1 Juan 2:2). Él tomó las consecuencias que merecíamos. La resurrección de Jesús de entre los muertos demostró que Su muerte en efecto fue el sacrificio absolutamente suficiente por el pecado.
"Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo" (Hechos 16:31). Dios ya ha hecho toda la obra. Todo lo que debes hacer es recibir por fe la salvación que Dios te ofrece (Efesios 2:8-9). Confía plenamente solo en Jesús como el pago por tus pecados. Cree en Él, y no perecerás (Juan 3:16). Dios te está ofreciendo la salvación como regalo. Todo lo que tienes que hacer es aceptarla. Jesús es el único camino de la salvación (Juan 14:6).